En un artículo en PLoS ONE, Rudolf von Rohr y su equipo de antropólogos detallaban la reacción de cuatro grupos de chimpancés en cautividad ante la introducción de nuevos individuos.
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Los cambios estructurales, que también se pueden dar en su
hábitat natural, hicieron tambalear la estabilidad del grupo. Pero, como pasa
con los humanos, los chimpancés respetaron la autoridad de los individuos mejor
posicionados para arbitrar las situaciones peliagudas.
“Entre primates, la gestión de conflictos es crucial para la
cohesión social”, asegura Rudolf von Rohr, con la certeza de que sus resultados
en chimpancés responden a una forma temprana en la evolución de la conducta
moral.
La presencia de mediadores en el grupo sirve para mantener
“un orden del que todos se benefician”, comenta a SINC Frans de Waal para
referirse a las relaciones cooperativas entre chimpancés. En compañía de la
española Teresa Romero, que hoy trabaja en la Universidad de Tokio (Japón), ha
analizado la importancia del consuelo, ya que “se trata de una parte importante
e integrada en las relaciones mutuas y estrechas”, dice el holandés.
"La gestión del conflicto es crucial para la cohesión
social"
Cuando un chimpancé pierde una pelea, es común que “los
otros se acerquen para abrazarlo, besarlo y acicalarlo para reducir su estrés”,
explicaba Romero en un artículo, publicado el año 2010 en PNAS, que establecía
la consolación como posible expresión de preocupación por el compañero. Sus
experimentos asimilaron el consuelo animal al humano más allá de su forma y
función. Se vio cómo las relaciones estrechas entre individuos aumentan la
efusividad del consuelo. Cuando la víctima no se reconcilia con el agresor,
pasa lo mismo.
Antes de esta investigación, muchos expertos sugirieron que
la motivación para tranquilizar al resto de la comunidad era egoísta para
evitar que el conflicto escalara y les salpicara. “Menos del 5% de las peleas
suele redirigir la agresión a terceros”, demostró Romero en su estudio, que ajusta el consuelo en chimpancés a la definición de
comportamiento altruista en animales.
El comportamiento de la consolación tiene que ver con la
empatía y la preocupación por la comunidad, que se da sobre todo con aquellos
que son cercanos y parecidos a uno mismo. Es la base de toda moral, ya que las
relaciones sociales complejas se regulan por la habilidad de entender y
compartir los sentimientos de los demás.
Los estudios de Teresa Romero demostraron que “las hembras
ofrecen consuelo mucho más a menudo”. Pero de Waal aclara que “el sesgo
en la empatía femenina no significa que las hembras sean más morales, solo
prestan más atención y son más sensibles con el resto”
Reconocerse en el espejo
Nada más cotidiano que un bostezo sirvió al equipo de Frans
de Waal para medir la empatía en chimpancés. En este artículo, publicado en PLoS ONE hace tan solo un año,
concluía que los primates que veían bostezar a sus familiares abrían la boca
más que el resto. “Pruébenlo con su perro”, dice De Waal.
"Las hembras ofrecen consuelo mucho más a menudo"
Lo mismo en ratas. Dale J. Langford, de la Universidad
McGill (Canadá), se doctoró viendo sufrir a los ratones. Sus experimentos
cuantificaron el dolor de los roedores en función de si habían visto padecer a
sus familiares y compañeros. Los resultados demostraron que ser espectador de
la aflicción de los demás aumentaba su sensibilidad al dolor, algo que se
interpretó como una manifestación clara de la empatía.
Ambos casos demuestran la empatía a nivel emocional, que
anida en las profundidades del cerebro, donde la amígdala procesa este tipo de
reacciones. Pero para llegar al siguiente estadio, la empatía cognitiva, es
necesaria otra estructura cerebral: el lóbulo frontal.
Humanos, primates, elefantes y otros vertebrados comparten
este reciente e imperfecto lóbulo frontal, que les hace conscientes de su
existencia. A nivel experimental, la autoconsciencia en los mismos animales se
verifica por algo tan sencillo como reconocerse en el espejo.
Madre no hay más que una
Hace décadas que los ensayos de Frans de Waal ponen a prueba
la empatía animal para demostrar que las comunidades no solo están reguladas
por la competición. El animal fetiche de estas investigaciones es el bonobo, un
gran primate que manifiesta su comportamiento reconciliador mediante el sexo
sin distinción. Solo hay una combinación sexual que no se da nunca: madre e
hijo. Según De Waal, el amor maternal es el origen de la empatía. Durante el
contacto con la cría, la madre segrega por doquier la llave bioquímica del
apego: la celebrada oxitocina.
Las comunidades no solo están reguladas por la competición
Ya sea en la objetividad de una investigación o en la
ficción de una fábula, todas las historias protagonizadas por animales tienen
su moraleja. Después de una carrera dedicada a buscar el origen de la empatía,
el primatólogo holandés se ha dado cuenta de que la tendencia prosocial aumenta
los beneficios de vivir en comunidad.
En su último libro, ¿Somos altruistas por naturaleza? (Tusquets
Editores), se pregunta si la ayuda al prójimo forma parte de la esencia animal.
Lo que tiene claro es que, sea un comportamiento adquirido o una tendencia
innata, el apoyo mutuo sale a cuenta.




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