La factura electrónica, una decisión segura

| 227 Miércoles, 07 de Marzo de 2012

El proceso de informatización de las empresas está lleno de historias de amor/odio, de grandes frustración y de grandes pasiones. Pero lo cierto es que, una vez que pruebas la tecnología, ya no puedes vivir sin ella. Pasamos de la desconfianza y el temor a lo desconocido a la pasión incondicional, casi irracional, en apenas un instante. Cada fabricante, cada distribuidor crea sus argumentos de venta, identifica nuevas necesidades para convencernos de la bondad y oportunidad de su producto/servicio. Cada tiempo tiene sus palabras mágicas y en el presente se habla, sobre todo, de ahorro, rentabilidad, productividad, seguridad…

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En mi opinión el mercado está ya lo suficiente maduro como para que tengamos que convencer a las empresas de que usen algo que es intrínsecamente positivo para ellas. Las TIC son una pieza clave para el desarrollo económico y  empresarial, para el crecimiento comercial. Nadie puede vivir de espaldas a esta realidad, les guste o no. Partiendo de esta certeza, lo único que queda es elegir bien, comprar la tecnología más adecuada para nuestro negocio al mejor precio. Es aquí donde está el quid de la cuestión. Las empresas deben asumir que, quieran o no, las nuevas tecnologías son sus mejores aliadas y deben dedicar su tiempo a informarse y asesorarse, a comprobar en otros usuarios parecidos, qué soluciones son las mejores y quién las implementa con mayores garantías de éxito. La confusión, la desinformación, sólo beneficia a los peores.

En el ámbito de la factura electrónica existe mucha confusión y demasiados formatos y  estándares actuales y por venir. Cuando hay muchos sistemas, deja de tener sentido hablar de estándar y hay que empezar a hablar de lío. Además, no todo el mundo tiene las mismas necesidades. En principio hay tres escenarios posibles. El primero es el de la empresa  que se ve obligada a emitir/recibir facturas electrónicas con determinados clientes/proveedores, tiene que añadir un nuevo electrónico al del papel. El segundo y futurista es el de la empresa que sólo emite y recibe facturas en formato electrónico. El tercero el de las empresas que lo hacen todo en papel y donde la factura electrónica no ha calado.

Hasta aquí todo parece tener una fácil solución, pero no es así: el problema es que, además, cada empresa, sobre todo las grandes, ponen sus reglas alrededor de los formatos y la forma en la que los sistemas se comuniquen entre sí. Es aquí donde está la “madre del cordero”, donde comienzan, de verdad, los quebraderos de cabeza de los usuarios. Es como si hoy, para llamar a tus amigos tenemos que tener varios teléfonos según el operador de telefonía del destinatario.

En el caso de la factura electrónica parece como si le quisiéramos poner puertas al campo. Complicar lo que en principio es sencillo o olvidar lo que ya está en uso y funcionando. De poco valen los impulsos legislativos del gobierno para implantar su uso si la sensación de las empresas es que les arrojan a un abismo.

En nuestro caso, hemos apostado por crear una plataforma que ofrezca un servicio capaz de resolver cualquier casuística que se presente en la aplicación y el uso de la factura electrónica. Hemos eliminado el problema al asumir su resolución de manera transparente para los usuarios. Una solución de compromiso, intermedia, que hace posible que la implantación de la factura electrónica combine con naturalidad con el uso del papel pero sin asumir un extra coste ni duplicar procesos.

Es evidente que la solución contempla todos los requisitos de seguridad imaginables y cumple con estándares y certificaciones. Una seguridad cuya percepción por las empresas no pocas veces resulta paradójica: no hay nada más inseguro que una factura enviada por correo postal. Una factura que en ocasiones contiene información crítica como el número de la cuenta bancaria. Qué decir de esos pagos que se siguen realizando con talón bancario y nos llegan por correo. Comparada con estos procedimientos, que hasta ahora dábamos por buenos, la factura electrónica es infinitamente más segura.

Con la factura electrónica podemos decir aquello de que “la seguridad se le supone”. Una seguridad por partida doble. La primera es intrínseca a una tecnología que ha nacido en un mundo que, en el ámbito de la seguridad, es muy exigente. La segunda se deriva de la seguridad que desde hace años acompaña a los sistemas de gestión empresarial, a la banca y a otras organizaciones y organismos.

Para aquellos          que todavía duden de sus bondades y aún no estén obligados, por ley, a utilizar la factura electrónica, lo mejor es que pregunten a quienes ya la usan. Que conozcan estas experiencias y la evalúen antes de tomar su decisión.  Porque en este ámbito, de lo que hay que estar seguro, es de no equivocarnos.

Alberto Redondo, director de Marketing y Canal de SERES

 

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