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T-Rex
Lunes, 2 de octubre de 2017

Relativizar

Relativizar todo, es uno de los grandes problemas de este país, en proceso de reducción. Ya no sabemos distinguir entre el blanco y el negro y todo es gris a nuestro alrededor. Hemos relativizado los valores y han dejado de serlo.

Ya no hay fronteras entre lo correcto y lo incorrecto, lo legítimo y lo ilegítimo, lo legal y lo ilegal… Todo depende de cómo se mire o de quién lo mire. Es justificable o injustificable según quién lo diga. Todo esto viene a cuento de la farsa independentista. Una farsa donde la policía autonómica es agasajada y recibe rosas de la mano de quienes están cometiendo un delito. Una policía que, olvidando su papel, se siente reconfortada y reforzada en su pasividad, se emociona y llega hasta soltar alguna lágrima.


En el otro lado, no se me olvida la imagen del guardia civil que, todo delicadeza, convence a un estúpido padre para que se lleve de allí al hijo que lleva hombros como escudo protector. Por cierto, ¿habría que quitarle la patria potestad a este energúmeno?


Cataluña es el espejo de la podredumbre contagiosa de nuestra sociedad, de lo peor del ser humano y del extremo al que hemos llegado de la mano de unos políticos y gobernantes liberticidas, mentirosos, tramposos, demagogos, sectarios, xenófobos…


Ante tal espectáculo, una sociedad equilibrada y con valores sabría emitir un juicio correcto, pero no. Cada uno tiene una opinión, relativizada, que justifica o culpa a unos y a otros. Un escenario de confusión donde no faltan tontos útiles, carroñeros o rebaña mierdas que, desde el teórico lado de los buenos, entendiendo por tales a quienes cumplen las normas y las leyes y respetan a los demás, aprovechan la coyuntura para hacer oposición a los más cercanos, relativizando una vez más, en favor de un interés despreciable de llegar al poder como sea.

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