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Ángel Cano
Martes, 27 de junio de 2017
Entrevista con Cristina Trenas, directora de cine

La otra cara de LaLaLand

Los Ángeles es la ciudad de las estrellas, los sueños, la magia... pero inevitablemente es también la ciudad de las grandes desilusiones, la frustración y el desencanto. Un frágil equilibrio que divide a sus habitantes entre triunfadores y los que esperan que llegue su turno para brillar, si llega. De todo esto y más cosas habla Cristina Trenas, que se mudó a Los Ángeles con una beca Fulbright en 2015 y está a punto de terminar su primera película, "From 7 to eleven".

¿Cómo surge From 7 to Eleven?

Mi padre vino a visitarme y al convivir conmigo se quedó fascinado. Mi apartamento era un centro creativo en funcionamiento 24 horas al día. Rafa el brasileño en una esquina componiendo canciones, Sevgi la Turca grabando en bata los SnapChats para sus fans, Clara la argentina tocando el ukelele en el balcón acompañada por Otavio al cajón. La gente iba y venía haciendo reuniones de pre-producción, cada día surgía un debate sobre la mejor estrategia para conquistar Hollywood. Sin horarios definidos para dormir, comer o trabajar. En esa época estábamos todos recién llegados, hambrientos de éxito y muy emocionados. Mi padre lo vio claro. Había que rodar una película que capturase ese ambiente tan único, con su alegría, su frescura y su ilusión, pero también con su inestabilidad, su vulnerabilidad y sus limitaciones. Así nació From 7 to eleven. 7 amigos de todo el mundo que se conocen en Los Ángeles.

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¿Cómo conseguiste sacar el proyecto adelante?

Pues empecé viendo localizaciones y haciendo casting de actores. Pero luego entendí que esa no era la forma, no podía arriesgarme a que se sintiese falso. Al final los actores somos nosotros, 7 amigos, está rodado en mi apartamento y todo el equipo está compuesto por gente cercana que se identificaba con la historia. Todos tenían algo que aportar y de alguna forma hemos combinado todas nuestras experiencias. Casi todo es improvisado, de manera que salieron conversaciones y emociones muy honestas que nos sorprendían hasta a nosotros mismo. Conseguí el apoyo de Fulbright y de una casa de alquiler de material y nos pusimos en marcha. Vino mi padre a hacer la fotografía y mi hermano, que está siguiendo sus pasos.

 

¿Por qué se llama from 7 to eleven?

La película transcurre en un día, de 7 de la mañana a 11 de la noche. También hace un guiño al 7eleven, que está justo al lado de mi apartamento. Vayas donde vayas en Los Ángeles te vas a encontrar con un 7eleven y de alguna forma me fascina la estética de estos comercios. Alude a lo cotidiano, decadente, la parte menos glamurosa y más reconfortante de la ciudad. Mi otra fascinación son las lavanderías, también estoy rodando otro proyecto que transcurre entre varias lavanderías.

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¿Cual crees que es la ventaja de estar en Los Ángeles con respecto a volver a España?

A mi me gusta mucho el cine que se hace en España y en Europa, con una mirada más intimista. Pero por otro lado, aquí hay un mundo de posibilidades ilimitadas. Lo que busco es trabajar en coproducciones internacionales, algo que ya están haciendo muchos de los españoles que llevan tiempo asentados aquí. Lo bueno de Los Ángeles es que tienes acceso a gente muy influyente en la industria, hay muchas vías para sacar adelante los proyectos, si no sale de una forma, saldrá de otra.

 

¿Qué destacarías de tu tiempo allí a parte del rodaje de tú primera película?

Hace tiempo vi un TED talk con un de los fundadores de eBay y hablaba de cómo (después de hacerse millonario) decidió crear una productora para hacer películas que cambien el mundo, se llama Participant Media. Me encantó el concepto y pensé: algún día trabajaré con ellos. Siempre he creído que las películas que consumimos son, y deben ser, un motor para impulsar el cambio social. De hecho, no sólo las películas, sino todo el contenido que consumimos. Hoy, varios años más tarde, trabajo para Participant Media en el departamento de Impacto Social. Estoy metida en proyectos como Una Secuela Incómoda, que trata sobre la lucha contra el cambio climático de Al Gore o Human Flow el documental sobre refugiados de AiWeiWei. En el mundo de la América de Trump estas películas son más necesarias que nunca y me enorgullece formar parte de ellas.

 

¿Cómo ves el mundo de la América de Trump?

Un mundo increíblemente dividido. Yo vivo en un ambiente muy liberal, la gente llegaba llorando a la oficina los primeros días después de las elecciones, se sentía la indignación de los que no se resignaban a aceptar que este hombre sea su presidente. Y desde ahí todo fue empeorando. Sin embargo, creo que puede tener un efecto positivo. Hay muchas iniciativas luchando por contrarrestar el efecto Trump, todo el mundo siente la responsabilidad de hacer algo al respecto. Lo verdaderamente preocupante es pensar que hay otra América que lo sigue apoyando fervientemente. Una América que durante mucho tiempo se ha sentido ignorada y que ahora cree haber encontrado quien la represente. En este sentido, las películas que hacemos en Participant no sirven de nada si sólo llegan a quienes ya están concienciados sobre los mensajes que difundimos. Los mensajes que hablan de amenazas como el cambio climático o del desplazamiento de millones de familias que huyen de la guerra no deberían de ser partidistas.

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¿Qué consejo darías a las personas que están empezando ahora a hacer cine? ¿Qué has aprendido con tu experiencia?

Lo bueno es que ahora hay mil formas sacar adelante tus historias. Y eso es lo más importante, la historia. Hay muchos caminos para llegar al público, más que nunca. Y también hay más gente que nunca produciendo contenidos. Hay muchísima competencia, pero también muchísima demanda. La clave está en mantenerse activo y lanzarse a probar ideas. Si no cuaja, a por la siguiente.

 

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