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Ángel Canales
Martes, 18 de septiembre de 2012

Tight may not be right

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Replantearnos nuestra forma de vestir, ser capaces de entender lo que el mercado nos ofrece y hacerlo nuestro es meritorio, valorable y hasta da gustito. Pero probar tiene sus riesgos, la línea que separa el criterio y el buen gusto del esperpento es fina, y hay que tener rigor mental y las cosas claras para mantenerse en el lado bueno.

En este caso nos referimos a los pantalones. Los hombres hemos estado durante años tiranizados por hechuras, cortes y patrones que nos permitían poco margen de maniobra, poco espacio para innovar.

Pero llegaron los pantalones Slim fit. Se ajustan a la pierna con distancia y presión prudencial, pero estilizan la figura y lucen el calzado. Remangados dan juego y hasta se está extendiendo su uso, aunque con poco tino
de forma recurrente, en la etiqueta más informal. Slim fit es armonía pero tiene un primo desfasado, que no iba a clase y se hinchaba a canutos, veía la porno de Canal + con los ojos entornados, bebía cerveza y conducía cargadito. Este primo son los pantalones Skinny. Slim fit=Ajustado. Skinny=Apretado.

Y es que los pantalones ajustados sólo son tolerables en las siguientes circunstancias;

- Si eres un superhéroe de los buenos o un trapecista reconocido.

- Si se usan para la práctica deportiva o para dar el palo a un millonario con el fin robar una valiosa joya con un nombre como “el ojo de Cañaveral”, o algo así.

- Si eres un “men in tight” de Mel Brooks. Robin Hood (1993)

- Si eres un torero en día de descanso pero añoras la sensación de la talega.

Agresivos con la integridad masculina, no respetan la distancia de seguridad, son conductores imprudentes que se te acercan por detrás dando luces. Aprietan donde no deben, con independencia de la dotación del sujeto. Sus elásticos tejidos cincelan las formas ofreciendo al respetable la nunca agradable visión del trío calavera. Transforman insinuación en evidencia, son asesinos del misterio, y una vida sin misterio…

El uso de pantalones Skinny es un conato de modernidad mal entendido, un coitus interruptus de estilo y buen gusto. Aquí van  un par de razones:

1.- Para poder defenderlos, es necesario estar muy muy delgado, cosa que no es de recibo a estas alturas de la vida. Estar siempre en perfecta forma es de mediocres, de gente poco sensible, impermeable a los placeres de la vida. ¡¡ Vade retro PIRADOS!!

2.- Hay que buscar cierto equilibrio y comunión con las formas. La vida no es una fiesta de disfraces y los que llevan pantalones Skinny pretenden hacerse notar. Eso siempre pasa factura.

- “Buenas tardes, ¿a qué hora cantamos?” preguntaba Carlos, (líder de los ‘Lonely hearted’, grupo indie de la zona noroeste de Madrid, que canta en inglés regulero).

- “Buenas tardes, eso parece…” le contestaba su compañero el bajista mientras no podía dejar de mirar el paquete de su líder y vocalista.

- “No sé si voy a aguantar todo el concierto con estos pantalones. Sé que molar cuesta, pero me suda bastante la ingle y siento una presión insoportable”, apuntaba preocupado.

En el segundo tema “Tight may not be right”, el cantante cayó fulminado como por un rayo en el escenario. Colapso de pene y estrangulación de gónadas, reveló la autopsia. Descanse en paz. El mal gusto tiene consecuencias.

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